Diario de un caminante (22/09): ‘Policías e indignados de playmóbil’

Fuente: Diario de  un caminante

Bueno… ¡Pues ya nos han detenido! Dos veces, hasta donde sé, en el momento en que escribo estas líneas.

Ya estamos en internet, resistiendo en los vídeos como campeones, hemos tenido nuestras portaditas y ahora somos aclamados como héroes. “Los Nuevos Reyes de Francia”, por lo que me han dicho, según no sé qué periódico o página web.

Ahora que tenemos la difusión y la fama, veamos qué pasó de verdad:

Tras dos días dando tumbos por París completamente separadas, las dos Marchas -Mediterránea y Meseta-Toulousse- se reunieron en asamblea en el parque de Bercy para acordar, tras dos horas y media de debate en el que por supuesto un servidor no participó, que iban a acampar juntas. Digo yo que a qué coño hemos venido aquí a pata, los que hemos venido a pata, si lo de acampar en París no lo teníamos claro. En fin.

Tras este primer acuerdo, la cosa se vuelve un poco confusa para mí, que había decidido aprovechar el día durmiendo y me enteré de todo de forma tangencial.

Tras otro largo debate, se decide que no se puede decidir y se envían “equipos”, o algo así, a recorrer París para estudiar posibles objetivos para la acampada. Si las informaciones que me llegaron son correctas, creo que el plan era algo así como que cada “equipo” seleccionara un lugar, escribiera el nombre en una papeleta y depositara la papeleta en una urna, cesta, bolsa o yo qué sé qué, para su posterior recuento. El lugar más citado en las diferentes papeletas sería el elegido.

Sin embargo, y por lo que sé, a medida que los “equipos” fueron llegando, tras dos o tres horas de periplo, se les comunicó que el lugar de la acampada ya había sido escogido, en secreto, por un grupo cuya composición desconozco por completo.

O sea, y resumiendo, que mis aguerridxs compañerxs, futuros mártires de la revolución, ya llevaban todo el día haciendo el gilipollas. Qué bien hice echándome a dormir…

Total, que tras casi dos meses de asamblearismo, horizontalidad, transparencia, bla, bla, bla, doscientas personas se ponen en marcha, durante el ocaso de un día perdido, siguiendo a un grupo de cabecillas desconocidos -¡ni siquiera sabíamos quién se suponía que dirigía!- hacia un destino igualmente ignoto. ¿Cuál era ese destino? ¿Bajó qué criterios fue escogido? ¿Quién tomó las decisiones? En mi grupo soy el tercer capullo que más ha pateado, y no tengo ni puñetera idea.

Echamos a andar siguiendo un recorrido harto sinuoso, improvisado para despistar a la policía, a nuestras propias tropas y hasta a nuestros guías -ninguno de los cuales, fueran quienes fueran, era a la sazón parisino ni conocía un carajo la ciudad-. Y la policía, que debía de estar flipando, cercándonos entre tanto por las calles aledañas como una manada de lobos que persiguiera a un venado viejo y ciego.

Llegamos así al ensanchamiento del bulevar Saint Germain que alberga la estatua de Diderot y allí nos detuvimos, como ratas atrapadas en un laberinto y sin ser capaces de tomar una decisión. Unxs decían que por allí, otrxs que por allá y otrxs más que por acullá. Pero, claro, nadie sabía quién guiaba ni por tanto a quién había que escuchar. Aunque yo observé que algunxs no decían nada y daban vueltas por el escenario consultando grandes planos, por lo que supuse que ellxs debían ser los guías.

Entonces llegó una furgoneta de la policía, o quizás varias, y de ella o ellas se bajaron unos pocos maderos que fueron directos a por Óscar, el héroe -héroe de verdad, sin coñas- que sale en los vídeos tocando su guitarra con la cara llena de gases y uno, dos, tres policías tratando de silenciar su música a bofetadas y empellones. Pero no lo consiguieron y, tras zafarse de todos ellos -yo lo vi-, el pequeño Óscar, llorando por el gas y sonriendo por orgullo, se encaraba con uno y le desafiaba con sus acordes, invicto.

Entretanto a uno de los polis le estalló el depósito de gas que cargaba en la espalda, cegándole a él y a varios de sus compañeros y de lxs míxs, llegaron muchos más polis y nosotrxs comenzamos a sentarnos en el suelo, en aquella puta esquina, en medio de un caos de desorientación y zarandeos.

Y allí nos quedamos, sentadxs, mientras un ejército de policías cercaba a nuestro cerco para impedir que las cámaras o las gentes de París pudieran ver nada de lo que sucedía. Vean, si no, el vídeo que grabó mi compañero Naranjo, de AudioviSol, y dense cuenta del muro infranqueable que forman los agentes.

Asegurado el muro de la censura, llegaron por fin los CRs, ataviados con sus armaduras, y vinieron a por nosotrxs. Al menos uno llevaba los guantes impregnados con pimienta, y nos pasaba los dedos por los ojos, y hubo violencia. Claro que la hubo. Pero tampoco tanta, y lo digo yo que estaba junto a Chus, el compañero del hombro dislocado, y que acabé con las gafas hechas un churro por un rodillazo en la cara. Lo cierto es que, salvo el loco que le retorció el brazo a Chus y que creo que a mí me arrastró de los pelos a lo largo de tres o cuatro metros de acera, y supongo que algunos más como él a quienes no tuve el gusto de conocer, la mayoría de los CRs parecían no saber muy bien qué hacer con nosotrxs.

Después al autobús, y en el autobús, en medio de un ambiente festivo -la verdad-, nos llevaron a comisaría. A tres distintas, por lo que he oído. La mía fue la dieciocho, donde hubo más cachondeo que miedo. Cantamos, tocamos palmas, nos hicimos fotos, jugamos a las películas, y hubo hasta quien se fumó un par de canutillos. Y nada de torturas. Lxs compañerxs sirios muriendo como chinches, los libios bombardeados desde el aire, y a nosotrxs, presos del sistema durante dos horas, no nos cayó un triste bofetón.

Pero tenemos nuestras portadas, y somos héroes.

En fin. Tras dejarnos hacer pipí y tomar nuestros datos, todo por turnos, los temibles orcos de Sauron nos pusieron en la calle con nuestras mochilas sin abrir, nuestros teléfonos, nuestras cámaras, nuestros ordenadores, todo intacto, y a tiempo para coger el metro para ir adonde nos diera la gana. Tanto miedo les damos.

Y ayer, por lo que sé -no estuve presente, por motivos personales-, más de lo mismo. La gente que va por la calle, supongo que tras doce horas de asamblea. La poli que los para. Unxs cuantxs que toman el metro y van a la Bolsa. Los paran otra vez. Otra vez a sentarse en el suelo. Otra vez los CRs, que en esta ocasión no emplean ni gases. Otra vez al autobús, a comisaría, a dar los carnés, y a la calle a tiempo para cenar, salvo el grupete que, al parecer, la emprendió a patadas contra las puertas del autobús en el que los almacenaban para su traslado, y con los que en el momento en que escribo estas línes no sé qué ha pasado o va a pasar.

¿Es esto una revolución? ¿Es esta la punta de lanza que debe servir como ejemplo al mundo? ¿Es esta la lucha imposible para la que un servidor ha pateado mil trescientos kilómetros?

Durante la blablaasamblea de anteayer, yo lo ví, se presentó un tipo que decía ser el enlace entre la policía y la prefectura, que esperó pacientemente a que la Asamblea le permitiera hablar, porque nosotrxs no tenemos representantes, y que en tal punto explicó lo siguente:

Uno, que la ciudad de París no desea dar una imagen de represora. O no debe. O no puede.

Dos, que las fuerzas del orden deseaban evitar más incidentes y dejarnos dormir tranquilos.

Tres, que a tal fin nos autorizaban a dormir en el mismo parque de Bercy en el que en aquél momento nos encontrábamos, con las únicas condiciones de que el campamento estuviese limpio y recogido a las diez de la mañana del día siguiente, y que la ciudadanía no debía ser molestada.

En otras palabras, lo que nos vino a decir era que los teníamos pillados por las pelotas.

¿Y qué creen ustedes que pasó? ¿Que le echamos narices y nos fuimos corriendo, por ejemplo, a los Campos de Marte junto a la Torre Eiffel? ¿Que cortamos los Campos Elíseos? ¿Que tratamos de invadir el despacho de Sarkozy para tirarle de las mejillas, por ejemplo? Error. Lo que pasó fue que, tras unas cuantas horas más de blablasamblea, la Marcha Mediterránea se fue a esconder, como siempre, en el centro okupa que les sirve de hotel desde que llegaron a París, y que la Meseta-Toulousse se afincó, desafiando al mundo,  en el susodicho y autorizado parque de Bercy. Perdón. No toda la marcha. Algunxs, los más rebeldes, osaron hacerlo en la explanada enlosada que se encuentra junto al mencionado parque. Todo un alarde de transgresión, como verán.

¿Qué está pasando, pues, aquí en París? ¿Qué estamos haciendo mal? Un par de empellones y un brazo dislocado en una esquina cualquiera de París, y somos portada de dos diarios de tirada nacional en España y el hashtag más leído en twitter. Cientos de personas involucradas en la difusión de todo lo que pasa, y miles que devoran vídeos y todo tipo de informaciones. Nueva York y otras ciudades solidarizándose con nosotrxs. Acampada BCN cortando el Paseo de Gracia. Concentraciones de apoyo frente a la embajada y a consulados franceses por toda España. “The New Kings of France”. Y nosotrxs, completamente divididos, venga a perder el tiempo, a dar tumbos por París y a sentarnos frente a la policía donde a la policía le da por agarrarnos. ¿Qué cachondeo es este?

En mi opinión, caben varias explicaciones:

Por una parte, y tratando de no menospreciar el hecho de que estamos agotadxs y la mayor parte del día hambrientxs, creo que es fundamental el hecho de que, como revolucionarixs, somos en general una panda de absolutxs novatxs. Muchxs de nosotrxs, yo incluido, no militábamos en nada antes del Quince Eme, y las pocas excepciones nunca habían trabajado a la escala a la que deberíamos estar trabajando nosotrxs.

Por otra, creo que existe una especie de tendencia generalizada consistente en que las formas son más importantes que el fondo. La Asamblea tiene sus ritmos, sus insoportables ritmos, y dichos ritmos están imponiendo, en la práctica, que toda manifestación o acción tenga lugar por la noche, cuando estamos más cansadxs y nuestras acciones tienen una menor visibilidad y son, por tanto, más fáciles de abortar.  Y huelga decir que el hecho de que estas asambleas se estén celebrando en París, y no durante los casi dos meses que hemos tenido mientras nos dirigíamos a París, es sencillamente sangrante.

Creo, también, que existe un problema grave de disciplina, perspectiva y responsabilidad. El mismo que arrastramos desde el principio de la marcha. Aquí la gente no parece ser consciente de las dificultades de nuestra tarea, como no lo hemos sido durante toda la marcha levantándonos a las mil. Tampoco parecen ser conscientes de nuestras posibilidades, de lo diferente que podría ser todo si estuviéramos respondiendo a las expectativas puestas en nosotrxs. De la misma forma que podríamos haber tenido una comunicación en condiciones sobre nuestras actividades,durante las marchas, podríamos haber planificado mucho mejor nuestras acciones parisinas. O sea, quiero decir: hace tres o cuatro días, en compañía de Haïssa, inspeccioné con ojos de activista la zona de la Torre Eiffel y los Campos de Marte. Evidentemente, soy consciente de que se trata de uno de los lugares mejor custodiados del mundo, pero una tienda desplegable Quechua se monta en dos segundos y, con un mínimo de planificación, la acampada podría estar lista en cuestión de un minuto. Con eso habríamos ganado, con desalojo o sin él. No en vano se trata de un lugar lleno de turistas y, por tanto, de cámaras.

Sufrimos también intensos problemas internos: problemas personales, algunos muy graves, entre lxs españolxs de la Meseta, y de comunicación y complicidad entre la gente de Meseta y de Toulousse. En cuanto a la gente de la Mediterránea, en fin: tal y como yo lo veo, mucha cresta y mucha pintura de guerra, pero al final, y cada noche, se van todos a su hotel squat a dormir bien calentitos, y a nosotrxs que nos den por saco. De hecho, y hasta donde sé, ninguno de ellxs quiere realmente acampar en París y a alguno le he oído decir que ni siquiera deberíamos haber pasado por la ciudad. En cuanto a los franceses de París, y no sólo los de París, creo que aunque son muy majos en lo personal muchxs de ellxs son también un poco paniaguadxs, por emplear una palabra suave, y, de la misma forma en que en la ciudad no se atreven a hacer nada sin pedir permiso, en nuestras asambleas se dan una y otra vez por vencidxs ante la mayoría hispanoparlante sin lograr jamás imponer ninguna de sus tesis, que muchas veces son las más sensatas. Otrxs francesxs, una minoría, pecan exactamente de lo contrario, están muy radicalizadxs y pierden los papeles con enorme facilidad, teniendo que abandonar las asambleas ahogados en su propia frustración.

Y sin embargo… sin embargo creo que tenemos al Ayuntamiento de París pillado por las pelotas, y no hay, ni habrá jamás, nadie en el mundo que lo pueda entender. Respecto a este punto, me falta aún algo de perspectiva histórica.

Así que ya lo saben, ciudadanos y ciudadanas: estas navidades regálenle a sus hijxs el set Playmóbil de Policías e Indignados y reproduzcan, en sus propios salones, la épica de nuestra gesta. Producto no recomendado para narcolépticxs, y tampoco para racionalistas convencidxs.

1 comment on this postSubmit yours
  1. Caminante me emociona leer tus palabras y ver que todavia resuena esa fueza con la que comenzaste, apoyo vuestra hazaña al cien por cien, y desde aqui pocas cosas puedo hacer yo, pero si se me ocurren varias.

    Si hubiese alguna forma de mandaros dinero, para que podais comprar suministros deberias de incorporarlo a la web, donaciones o como se llame.

    Hay una zona en Francia llena de turistas, pero hasta las trancas, y ademas se encuentra elevada respecto al resto de paris, y asi podrias ser escuchados (que es, lo que tendria que ver el pueblo frances) y vistos para prestaros mas atencion, es el barrio de Montmatre cerca de la zona del Moulin Rouge, aparte es un laberinto y a los playmobile les costaria acceder en grupitos.

    Un saludo y fuerza caminantes.

#marchestobrussels

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